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COMB: renovación necesaria
  12/01/2010
  Las elecciones a la Presidencia del Colegio de Barcelona -el segundo en número de colegiados, después de Madrid- debe ser una ocasión para debatir a fondo sobre el papel de las corporaciones profesionales: una renovación oportuna y necesaria, también para el resto de colegios. Tribuna firmada por Francesc Borrel. Colegiado número 12.902 del colegio de médicos de Barcelona, y publicada en DIARIO MEDICO 12.01.2010
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Los colegios de médicos tienen entre sus objetivos más nobles la defensa de la integridad profesional, el prestigio social de nuestra profesión y la defensa de una práctica profesional de calidad y acorde a las expectativas de nuestra sociedad. El próximo mes de febrero se celebrarán elecciones en el Colegio de Médicos de Barcelona (COMB), una de las corporaciones médicas que agrupa a más colegiados de España, después de Madrid. No puede extrañarnos que la importancia de estas elecciones trascienda el mero ámbito profesional, y de hecho, desde la transición política el COMB ha sido campo de batalla electoral para los principales partidos políticos. No fue así en 2006, año en que una junta consensuada entre las fuerzas políticas ganó prácticamente sin oposición. Todo parece indicar que se repetirá el consenso alrededor de la figura de Miquel Vilardell, que al igual que su predecesor, Miquel Bruguera, acredita méritos profesionales y personales suficientes para concitar un apoyo masivo, incluido el mío.

Ahora bien, el hecho de que exista a priori un consenso tan amplio en torno a quien debe presidirnos en absoluto soslaya la cuestión fundamental: ¿cuál debe ser el papel del COMB en los próximos cuatro años?

Desde mi punto de vista tenemos un grave problema de paticipación. El COMB, tal vez por su tamaño, decidió dotarse de una Asamblea de Compromisarios como órgano de decisión política. Se reproduce un esquema parlamentario por el cual los colegiados pueden concurrir a las elecciones bajo el paraguas de una candidatura determinada y saldrán elegidos en la proporción de los votos que obtenga dicha candidatura. Este modelo ha funcionado bien, en teoría, es decir, sin incidencias ni desórdenes. En su concepción inicial se pretendía evitar las asambleas tumultuosas en que la pasión obnubilaba la razón y en las que todo era posible, hasta un voto de censura por sorpresa. Pero lo cierto es que hemos caído en asambleas donde la junta elegida tiene mayoría y, por consiguiente, todo o casi todo está controlado. Con esta certeza pocos se aventuran a llevar propuestas novedosas o posiciones críticas. Todo está atado y bien atado y las asambleas resultan previsibles, escasamente concurridas y casi siempre aburridas. Y lo que es peor, los colegiados que querrían participar no pueden hacerlo si antes no se han presentado en alguna de las candidaturas en liza, lo que no resulta fácil, especialmente para los mas jóvenes.

El segundo problema es operativo: el COMB habla en nombre de los colegiados y su peso es notable. Ahora bien, este peso no puede ejercerlo siempre, ni en la medida en que los colegiados quisiéramos verlo reflejado. El motivo es sencillo: el poder político desea interlocutores representativos. Sí, pero mejor si además los tiene controlados. Por ello hemos visto cómo de vez en cuando este poder amenaza con eximir a los médicos del sector público de la colegiación obligatoria. Basta mentar esta posibilidad para que los colegios se echen a temblar, lo que a su vez redunda en una mayor tibieza en la defensa de los intereses de los colegiados. Digo mal: en realidad, la defensa de los intereses puede ser tenaz y honesta (como en buena parte lo ha sido en la etapa que ahora se cierra), pero la imagen debe ser siempre tibia, "no se vayan a enfadar los políticos de turno". El resultado es paradójico: logran que los colegiados vean la institución como prescindible e incluso que algunos deseen ahorrarse las cuotas que pagan...

El papel de las deontológicas
El tercer aspecto que desearía traer a colación es de resultados. Los colegios tienen entre sus obligaciones defender a la población de la mala praxis, los abusos, la charlatanería. Sin embargo, históricamente se han dedicado muchos más esfuerzos a la defensa del profesional -defensa que aplaudo- que a la defensa de la ciudadanía. Podemos decir en descargo del COMB que posiblemente sea de los más activos en esta materia. Pero un análisis algo más profundo debería alertarnos sobre el modelo obsoleto en que se basa este aspecto tan importante de los colegios: las deontológicas.La Comisión Deontológica parte de la base de que brinda un servicio a la ciudadanía aceptando las denuncias que pacientes concretos realizan sobre médicos concretos. Sin embargo, el gran problema de la mala praxis está en servicios de urgencia infradotados, guardias de 24 horas, centros de salud masificados, profesionales que en nombre de la medicina realizan prácticas esotéricas, clínicas que ofrecen resultados maravillosos... Toda esta realidad queda fuera de la actuación de las comisiones deontológicas, que sólo atienden a denuncias concretas sin articular políticas proactivas. Debo añadir en este punto que el Programa de Ayuda al Médico Enfermo ha supuesto una contribución notable a una praxis clínica más segura. Felicitaciones.

Como decía más arriba, el peligro que tenemos no es pelearnos por las personas que deban ocupar la nueva directiva del COMB, sino por dotar de contenido este consenso que parece ya existir. Por ello brindo algunas propuestas:

1. Abrir el COMB a una participación efectiva. Hacer transparente la financiación de las candidaturas y facilitar un debate pre-electoral. Somos centenares los colegiados que disponemos de firma electrónica, ¿por qué no hacer uso de ella en los próximos comicios? ¿Y por qué no realizar consultas a los colegiados en temas importantes a lo largo de los próximos cuatro años?

2. Reformar los estatutos para participar en la Asamblea de Compromisarios sin tener que apoyar una candidatura concreta.

3. Convertir el COMB en un centro de debate no sólo sanitario, sino social y cultural. Es triste contemplar cómo las grandes cuestiones de debate sanitario no tienen un foro privilegiado y estable.

4. Lanzar políticas proactivas de prevención de la mala praxis y mejora de la seguridad del paciente.

5. Dotar a las vocalías de medios para que puedan llegar a los colegiados.

6. Rediseñar los servicios que se ofertan, en general poco o nada competitivos, y pensar otras líneas de acción más próximas a los intereses profesionales de los colegiados.No quisiera acabar estas líneas sin agradecer a la junta cesante su meritorio trabajo. Por desgracia, debo enfatizar las carencias, pero en ningún momento deseo ocultar los muchos aciertos que ha tenido.

Secciones, Asociaciones Colegiales o Asociaciones de Colegiados en el ámbito de la Medicina Cosmética y Estética